lunes, 28 de febrero de 2011

Deidara: ¿Que es Arte? Cap 2

2. Mi secreto es revelado.

Estábamos mi ángel y yo caminando por el bosque. Ella me miraba casi sin parpadear y yo estaba prácticamente soñando despierto. En un momento que los ojos de mi ángel no estaban sobre mi, aproveche para verla y desearla cada vez más; pero me percate de algo, ella llevaba un kunai en la mano izquierda.

-¿Acaso no confías en mí, Akari-san?- le pregunté a Akari mientras me detenía y clavaba mi mirada en la de ella. Ella suspiró, me miró con una sonrisa burlona y me dijo:-¿Realmente creías que iba a confiar en ti tan rápida y fácilmente? Pues lo lamento mucho, pero no soy tan fácil como tu crees-. Ese frío golpe de desprecio me había encantado, quería verla enfadada una y otra vez, porque se miraba muy linda así.

Seguimos caminando cuando de pronto nos rodearon ocho ninjas de la hoja, cuatro adelante y cuatro atrás. Tomé rápidamente un kunai y cuatro shúrikens, esperé pacientemente a ver quien hacía el primer movimiento. Los ninjas de enfrente bajaron sus armas sin razón. Una voz muy imponente se escuchó detrás de los ninjas.

-¡Akari-san, aléjate de él!- dijo un sujeto que cubría parcialmente  su rostro con una máscara de tela, su protector frontal tapaba su ojo izquierdo. Lo único que se miraba era su ojo derecho y su cabello era plateado, lo llevaba levemente parado, pero daba la impresión de que era un colmillo de plata. En eso recordé que en mi aldea me había dicho que en la aldea de la hoja existía un sujeto poderoso y lo conocían como el colmillo de Konoha.
-Kakashi-sempai, ¿Qué es lo que pasa? ¿Por qué estás molesto?- dijo Akari dirigiéndose hacia donde estaba ese ninja llamado Kakashi. Él levantó su protector frontal y mostró un ojo rojo con un círculo negro y tres esferas. Cuando miré directamente a ese ojo sentí miedo, un miedo más grande que a la muerte misma.
-Akari-san, ese hombre es un ninja perdido de la roca, nos llegó hace poco un mensaje de esa aldea, que un ninja conocido con el nombre de Deidara había escapado de la prisión; ese sujeto que está detrás de ti es un asesino, un criminal rango S- dijo Kakashi mientras tomaba a Akari de su brazo. Sin pensar en nada más que en mi ángel, tiré mis armas y dije:-Yo no soy un asesino, el Tsuchikage de mi aldea me había ordenado un ataque antiterrorista, hubo un problema en la información que me dieron y causé una explosión mayor que la que tenía que haber hecho-. A Kakashi no le importó en lo más mínimo mis palabras y ordenó atacar. -Jounins, no me importa como, pero acaben con este sujeto- dijo Kakashi mientras se alejaba con Akari, la miré por última vez; estaba petrificada con esa realidad tan cruel sobre mi.

Los ninjas empezaron a formar sellos, tenía que hacer algo o sino iba a morir. Forme unos sellos rápidamente -¡Doton: Dochou Eigyo no Jutsu!- fue el primer jutsu que se me vino a la mente, pero fue muy útil. Ese jutsu me permitió esconderme debajo de la tierra, saqué una bolsa especial; que contenía mi arcilla explosiva. Miré por un instante mis manos, una boca humana se abrió en cada una de ellas. Eran mis compañeros leales, mis artistas natos; Tetsu y Kenji. Introduje la arcilla en aquellas bocas, la masticaron y luego lo escupieron. Empecé a moldear mi arte; arañas, serpientes, ciempiés y otros bichos. Los envié a atacar a mis enemigos; el largo ciempiés envolvió a tres ninjas a la vez, las serpientes inmovilizaron a la mitad de ellos y las arañas cegaron a todos. El instinto de artista me hizo recordar esa frase con la me identificaba. - Geijutsu wa bakuhatsu da (El arte es una explosión) ¡Katsu!- dije, dando la orden de detonación de mis obras de arte.

Yo no mentía, arte era una explosión. Salí de mi escondite y observé a mis enemigos, al parecer sólo tenían quemaduras de primer grado; pero no habían muerto. Decidí regresar y buscar a Akari, le debía una explicación; pero cuando la encontré estaba discutiendo con Kakashi. Me oculté detrás de un árbol, pero antes me había asegurado que no hubiera ningún bicho o víbora; luego empecé a escuchar esa ruidosa discusión.

-¡Akari-san! Ese sujeto es un asesino, él te engañó con esa escusa de que era un artista para aprovecharse de ti.- decía Kakashi en un tono muy grosero. Al parecer a él no le gustaba mucho mi presencia. -¡Ay! ¡Kakashi-sempai! ¡Suéltame, me estás lastimando el brazo!- dijo Akari mientras luchaba contra la fuerza de Kakashi. -¡Urgh! ¡Por favor suéltame sempai!- seguía mí ángel sufriendo ante tremendo poderío. Levanté un poco mi cabello y encendí mi mirilla telescópica. Empecé a moldear en arcilla otra vez, pero esta vez era un pequeño búho; reflexioné un poco antes de liberarlo. -“Si detono esta bomba enfrente de Kakashi, heriría a Akari; eso sería lo último que desearía... herir a mi ángel”- me decía en mi mente mientras guardaba el pequeño búho.
-Akari-san, volvamos a la aldea, por favor- dijo Kakashi tratando de relajar un poco a Akari, pero ella se negaba a regresar. -¡No pienso regresar! No hasta que retires a tus tropas- dijo Akari en un tono desafiante logrando al fin soltar la mano de Kakashi de su brazo. Kakashi soltó una pequeña carcajada, bajó su máscara y mostró su rostro. No pude ver muy bien su rostro, aun con la mirilla telescópica, ya que las hojas me impedían ver.

Kakashi sonrió y sujetó el mentón de Akari, le susurró algo al oído; pero al parecer no le gustó mucho a Akari. Luego Kakashi intentó besarla, y ella le dio una bofetada. Kakashi suspiró, sonrió y besó a Akari a la fuerza. –Eres mía, mía y de nadie más- dijo Kakashi abrazando a Akari muy fuerte. Ella luchaba con todas sus fuerzas, pero no podía liberarse. No aguanté más tenía que ayudarla.

Salí de mi escondite y lancé al búho de arcilla que había hecho antes. Lo lancé con el objetivo de que golpeara fuertemente a Kakashi en el rostro y soltase a Akari. Con una puntería casi perfecta di en el blanco. -¡Akari-san! Ponte detrás de mi, yo te protejo- dijo Kakashi mientras cubría su rostro nuevamente con su máscara. Miré a Akari rápidamente, en su rostro había una sonrisa, pero en su mirar había preocupación.

-A ella sería la última persona a quien querría herir- dije muy seguro de mi mismo, pero sin bajar la guardia. -Deidara-sama, huye ahora que puedes; tú no eres rival para Kakashi-sempai- me dijo Akari muy preocupada, no sabía si elegir entre valentía y la muerte o sabiduría y la vida; pero en ese instante en que buscaba la mejor manera de actuar, bajé la guardia. Kakashi no perdió tiempo empezó a formar sellos. -¡Kakashi-sempai! Por favor no uses ese jutsu con él, te lo ruego- dijo Akari mientras tomaba el brazo de Kakashi, pero él no la escuchó; estaba muy decidido en acabar conmigo. -Suéltame, acabaré con ese bastardo- dijo Kakashi al mismo tiempo que tiraba a Akari al suelo.
-Espero que esto sea suficiente para ti. ¡Raikiri!- dijo Kakashi mientras se acercaba a mí a gran velocidad. En su mano derecha había mucho chakra, no se si era mi imaginación o lo que estaba viendo en la palma de su mano era un rayo. Un molesto sonido me tenía paralizado, parecía el sonido de millares de pájaros en mi cabeza.

Kakashi se acercaba cada vez más y yo no podía moverme, cerré fuertemente los ojos esperando el golpe. De pronto sentí un líquido espeso en mi rostro, llegué a pensar que el golpe fue tan poderoso que mi sangre quedó esparcida por el lugar, pero me había equivocado. Abrí mis ojos lentamente y vi que mi ángel estaba adelante de mí, sangrando de su brazo y con mucho dolor.-Akari-san, eso fue muy peligroso, si no me percato de tu presencia a tiempo; no hubiese podido desviar el golpe.- dijo Kakashi muy asustado por la acción que hizo Akari al defenderme de ese mortal jutsu. Akari estaba perdiendo mucha sangre y la herida era muy grande para poder atenderla en ese lugar. Kakashi cubrió su ojo izquierdo y se quedó pensando que hacer. En cambio yo, cargue a Akari en mis brazos y la acomodé a la sombra de un árbol. Rasgué la manga de su camisa y le pedí a Kakashi que fuera por agua, pero no me confiaba la seguridad de Akari.

-Kakashi-sama te prometo por mi arte, que Akari-san va a estar bien.- le dije para lograr ganarme al menos un poco de su confianza. Kakashi se negó tercamente, no me quedó remedio que usar un método médico muy viejo y útil, pero demasiado doloroso. Abrí una pequeña bolsa con pólvora china, comencé a  echar ese explosivo polvo en la herida y le prendí fuego. La herida dejó de sangrar tanto, la pólvora había quemado la carne de mi ángel, haciendo que se detuviera la hemorragia. Luego me fui a traer el agua para limpiar la herida.

Cuando regresé, rasgué una parte de mi camisa, la limpié un poco y la mojé. Comencé a limpiar la sangre lentamente, para no lastimar a Akari. Kakashi se dirigió lo más rápido posible a Konoha, a llamar a la quinta Hokage, Tsunade. Él me dijo muy poco sobre ella, solo mencionó que era la mejor ninja  médico de Konoha y que tenía 50 años. -¿Akari-san, por qué me defendiste?- le dije a esa kunoichi, que según yo no me estaba escuchando. Sentí su mano sobre la mía, quedé sorprendido que después de ese mortal golpe, tuviera aun fuerzas para moverse. Me sonrió y dijo: -A pesar que no confió mucho en ti, sé que no eres un asesino- dijo Akari con las pocas fuerzas que le quedaba, pero de pronto, su rostro empezó a tornarse muy pálido y su respiración comenzó a acelerarse.

En eso llegaron Kakashi y una mujer rubia, blanca, alta, ojos cafés, era muy difícil creer que tenía 50 años, pero de algo no pude evitar fijarme; esa mujer tenía un enorme... bueno mejor me salto esa parte. Esa mujer era la Quinta Hokage, Tsunade. Kakashi llamó a un equipo médico para que ayudara a Tsunade. –Ha perdido mucha sangre, tendremos que llevarla al hospital- dijo Tsunade mientras levantaba a Akari y la colocaba en una camilla. El equipo médico rápidamente salió en dirección al hospital, pero Tsunade se quedó para hablar con Kakashi y conmigo.

Nos dijo que para salva a Akari, necesitábamos encontrar una rara flor que solo crecía a orillas del “Valle del fin”. Dijo también que solo trabajando juntos íbamos a poder superar los obstáculos que había en  el camino. Kakashi se negó a ir conmigo, dijo que el solo salvaría a Akari. Yo no me iba a quedar atrás, con su ayuda o sin ella, tenía que encontrar esa flor; por el bienestar de Akari.

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